EL NÉCTAR DE LOS PIES DEL SEÑOR

INTRODUCCIÓN

Sri Nisargadatta Maharaj es un verdadero Maestro en el Arte de la Transcendencia. Sin percibir la naturaleza real de esta transcendencia, no se puede comprender ade-cuadamente a Maharaj debido a que todos los esfuerzos de uno se quedan en una mera actividad mental. Y uno de los mayores escollos en la búsqueda espiritual es quedarse atrapado en un nivel particular, mientras se piensa que se ha alcanzado la meta final.
El proceso de transcendencia en este caso consta de dos fases. Primero, por la comprensión cabal de lo que uno es operativamente a través de una cuidadosa y plena observación y contemplación uno puede llegar a darse cuenta de la sensación de ser, o la consciencia de la «yo soidad», en su estado puro sin el menor tinte de «individualidad». Dicha consciencia es en realidad la consciencia universal y se realiza únicamente a través de la transcendencia del «mí».
Para este darse cuenta es esencial la comprensión de la identidad real de uno, que ha sido obscurecida por nuestra identificación con el cuerpo. El cuerpo mismo es inerte y no proclama ninguna identidad. Al identificarnos con el cuerpo estamos im-poniendo límites a nuestro Sí mismo, donde en realidad no hay ninguno. Así, nosotros somos la totalidad en la que aparecen y desaparecen todos los objetos y «perso-nalidades» y que, en sí misma, es «apersonal» o impersonal. Al cortar esta falsa iden-tificación con el cuerpo, nuestra naturaleza real se manifiesta como sin forma sin cuerpo ni mente en la que la mente se ve como mero «ruido interno», o como una estructura artificial (es decir, conceptual) sobreimpuesta a un estado de no mente, la consciencia manifiesta dinámica. En este estado no se tienen necesidades ni demandas, y así ya no puede existir ningún problema.
Debe verse también claramente que esta consciencia o eseidad la senciencia que nos distingue de un pedazo de carne sin vida nos ha venido como un extraño en la noche, más allá de toda aparente causalidad. Aunque en sí misma es de una naturaleza estrictamente temporal e intermitente en su manifestación, siempre se afa-na por mantener la continuidad en el tiempo, aferrándose al sentido del cuerpo y al recuerdo de las múltiples experiencias e imágenes conceptuales que constituyen las asociaciones mentales del cuerpo.
La segunda fase del proceso de transcendencia es esa en la que se transciende incluso esta eseidad o consciencia universal. La eseidad, en su aspecto de cognitividad, se transciende a sí misma, conduciendo a darse cuenta de que uno es esa eseidad sólo como fenómeno o manifestación, pero que, fundamentalmente, uno no es eso en absoluto. Uno no es ninguna de estas cosas temporales debido a que el espacio-tiempo no tiene ninguna realidad fuera de nuestro ser; ha venido con la eseidad como un modo de experiencia perceptual es decir, como un marco de experiencia que nos permite observar como «objetos», en una manera secuencial, lo que es esencialmente sin forma y sin tiempo. Así pues, ¿qué es uno entonces, cuando se han eliminado todas las apariencias superficiales y sobreimpuestas? Uno es lo que siempre ha sido y siempre será, atemporalmente, la Fuente, o lo Absoluto, que ha desplegado la totalidad de este mundo relativo. Por otra parte, debido a que la eseidad es estrictamente temporal, no puede soportarse a sí misma. Necesita el soporte de lo Absoluto, y así, finalmente, nosotros somos Eso.